¿El despertar del «Gigante»… o el colapso de un sexenio?

«Los hechos no dejan de existir solo porque se les ignore.» — Aldous Huxley

Bienvenido a 2026. Hemos cruzado el umbral hacia la segunda mitad del sexenio de Esteban Villegas y el panorama no podría ser más desolador. Atrás quedaron los slogans de grandeza; el 2023 no fue «su año», el estado no «renació» en 2024 y, definitivamente, «el gigante» no despertó en 2025. Al contrario, parece que el gigante está en coma inducido por una gestión sin brújula.

Si nos atenemos a los «otros datos», los reales, Durango inicia este cuarto año de gobierno con números que asustan. La industria de la construcción, históricamente un motor de desarrollo, se ha convertido en el verdadero talón de Aquiles de esta administración. Las cifras son lapidarias: para octubre de 2025, el valor de la producción en este sector se desplomó un -40.5% anual, relegando a la entidad a la posición 28 de 32 en el país. Y esto no es un bache aislado; venimos de caídas del -51.4% en septiembre y un terrorífico -65.5% en agosto. En Durango no se construye futuro, se administra la ruina.

La actividad industrial general no canta mejores rancheras. Al cierre de agosto de 2025, Durango cayó un -13.6% anual, ocupando el vergonzoso lugar 30 a nivel nacional, solo superando a un par de estados en crisis.

¿Y el empleo? El gobierno seguramente presumirá que hay 869 mil ocupados. Lo que no dirán en sus discursos triunfalistas es que la informalidad laboral ha crecido al 52.4% y que la Tasa de Condiciones Críticas de Ocupación alcanza el 34.0%. Es decir, hay trabajo, sí, pero cada vez más precario y mal pagado.

Esta frialdad estadística tiene un rostro humano y doloroso. Lo vimos en las últimas semanas de diciembre: un escenario dantesco con despidos de burócratas, marchas de docentes exigiendo lo que por ley les corresponde y una Universidad Juárez (UJED) humillada por la falta de pagos a tiempo. La «liquidez» es una palabra que no existe en el diccionario financiero estatal.

El 2026 arranca con la COPARMEX exigiendo pagos millonarios y empresarios como Reynaldo Dozal (CANACO) alzando la voz ante la indiferencia absoluta de funcionarios que ni siquiera se dignan a dar la cara. La deuda pública y el gasto corriente asfixian cualquier intento de maniobra.

Aquí es donde entra la ironía cruel de nuestra realidad: El gobierno de Esteban Villegas tiene ante sí una oportunidad de oro. Con resultados tan cercanos a cero o francamente negativos en industria y construcción, tiene todo para «darle la vuelta» a los números. Matemáticamente, cuando tocas fondo, cualquier movimiento es hacia arriba. Quizás esa sea la estrategia: destruir la economía los primeros tres años para que el rebote técnico de la segunda mitad parezca un «milagro».

Pero no nos engañemos. Para el ciudadano de a pie, este sexenio comienza a oler a ejercicio fallido. Sin visión, sin rumbo y con los bolsillos vacíos, el «gigante» no solo sigue dormido; parece que nunca tuvo intención de levantarse.

Leonardo Álvarez / [email protected]

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