«Si torturas los datos lo suficiente, confesarán cualquier cosa.» — Ronald Coase, Premio Nobel de Economía.
Recientemente, a través de sus redes sociales, el Gobernador de Durango nos ofreció una pieza de comunicación que transita peligrosamente entre la audacia política y el analfabetismo económico. Con una ligereza asombrosa, el titular del Ejecutivo presumió la generación de 6,308 empleos formales en el primer trimestre de 2026, asegurando que esto representa un crecimiento del 44%. El despropósito culmina al afirmar que crecemos a un ritmo cuatro veces mayor que Nuevo León y que, finalmente, “estamos construyendo un gigante”.
Bien dicen que la ignorancia es audaz. Para evaluar la salud económica de un estado no basta con tomar una fotografía a conveniencia; hay que leer la película completa. Al contrastar la propaganda oficial con los libros de contabilidad pública y las series históricas del INEGI y el IMSS (como he venido documentando en mi bitácora de análisis), el «gigante» se desmorona y revela un estado que, técnicamente, administra su propia ruina.
A continuación, la refutación técnica, punto por punto, al espejismo gubernamental:
1. El engaño estadístico del empleo y la trampa estacional
Vender 6,308 empleos en un primer trimestre como un «éxito histórico» es ignorar los ciclos económicos básicos. Estamos viendo un simple repunte estacional. Históricamente, cada año las plazas eventuales se desploman en noviembre y diciembre, para recontratarse entre enero y marzo. No es una expansión del mercado; es la recuperación de lo perdido.
Si analizamos el sexenio sin el maquillaje trimestral, el fracaso es estructural: entre 2022 y 2025, Durango apenas logró sumar 3,087 empleos formales netos. Para un estado que necesita generar entre 12 y 14 mil plazas anuales para absorber su demanda demográfica, presumir estas cifras resulta insultante. La consecuencia de esta parálisis es que el 54.4% de los duranguenses (casi medio millón de personas) sobrevive en la informalidad, sin seguridad social ni garantías laborales.
2. Comparaciones absurdas frente a una recesión sistémica
Intentar comparar a Durango con los motores industriales del norte, como Nuevo León, es un despropósito matemático. Los datos del Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE) exhiben a un Durango atrapado en la inercia recesiva:
- Al cuarto trimestre 2025, la economía estatal se contrajo -0.9%.
- Durante el tercer trimestre 2025, cayó -3.79%.
- Peor aún, en el segundo trimestre de 2025, nos hundimos un -6.3%.
- En promedio, cerramos el año con una contracción del -2.3% durante 2025.
- La perspectiva de largo plazo es desoladora: en los últimos 39 trimestres, Durango ha transitado por 17 trimestres de caídas recesivas. Es decir, casi la mitad de la última década hemos estado en contracción.
¿Con qué sustento técnico se presume superar a Nuevo León cuando nuestra actividad de construcción —el principal termómetro de la obra e inversión— se desplomó un aterrador -57.7% a febrero de 2026, relegándonos al lugar 32 de 32 a nivel nacional?
3. El verdadero gigante: La deuda y la burocracia
Si hay un sector donde este gobierno verdaderamente ha crecido de forma gigante, es en el dispendio del erario. Mientras la narrativa oficial nos pide creer en milagros industriales, la radiografía contable revela que el estado padece una asfixia presupuestal profunda:
- Tenemos una dependencia crónica: el 83% de nuestro presupuesto proviene de la Federación.
- Gastamos ocho veces más en sostener a la burocracia que en construir infraestructura.
- La inversión pública apenas araña el 4.5% del gasto total, mientras que el servicio de la deuda devora 1.5 veces más recursos de lo que se pretende invertir en obra.
Conclusión: Los asientos contables no mienten
El ejercicio del servicio público y la política económica requieren, por encima de todo, seriedad técnica. Celebrar como un triunfo un rebote técnico laboral mientras la economía se achica, la construcción se colapsa y la deuda consume las finanzas estatales, revela una desconexión total con la realidad.
Durango no está «despertando» ni construyendo un gigante; está sobreviviendo a una recesión industrial y laboral prolongada. Los videos virales, las giras y el triunfalismo infundado no cambian los asientos contables ni la realidad de los bolsillos duranguenses. Si este gobierno sigue priorizando la ficción narrativa sobre la reingeniería fiscal, estaremos condenados a administrar, irremediablemente, un estado en ruinas.
Leonardo Alvarez / [email protected]


